Regreso entrenada y emocionada como hace mucho no lo estaba
Ya sé, ya sé. Lo primero que muchos harán al leer esto, quizá antes de decirme siquiera “hola”, será preguntarme dónde diablos me he metido.
No estoy muy segura. En todas partes, supongo. Viajé mucho, lo cual me hace tener la mente en paz y el corazón contento; trabajé como loca, lo que ha ocasionado que los fines de semana me quede tirada en cama hasta tarde; leí algunos libros, lo cual por fin me hizo alejarme un poco (por mi bien) de los medios, tanto electrónicos como impresos. Tengo tanto que contarles…pero quizá lo que más me emociona es que por primera vez en mucho tiempo estoy emocionada porque voy a correr una carrera.
Aquella primera vez
-“Papáaaaaaaa, ¿me viste llegar a la meta?, ¡¡¡fue increíbleeeee!!!”, le dije mientras lo abrazaba y lloraba de la emoción al terminar mi primer carrera de 10 k. Me sentía invencible. Lo era. Así inauguré mi medallero y colección de playeras para correr: con el padrísimo dije que nos dieron en 2009 diseñado por Daniel Espinosa y con aquella playera azul cielo que hasta la fecha sigue siendo mi favorita.
La adrenalina que se respira en las carreras y el ambiente que hay nunca se podrá comparar con ningún entrenamiento, ni siquiera en equipo. Hay magia pura en el aire y punto, no puedo describirlo con palabras, pero las personas que lo han sentido saben a qué me refiero. Ese conteo regresivo del 10 al 0 y escuchar el disparo de salida mientras tu corazón late rápido y la piel se te pone de gallina es un momento que te guardas para siempre sin importar cuántas carreras has corrido.
Dicen que todas tus primeras veces son especiales, pero por lo menos a mí me emociona más recordar mi primera vez en un 10 k que mi primer beso, por ejemplo.
Los 10k de mi vida
Vinieron muchos más 10 k, muchos. Mi medallero se fue llenando y aunque todas las carreras las recuerdo con mucho cariño, quizás las que más me han significado son: obviamente mis dos medios maratones; el Pumatón que corrí con mis amigos runners más queridos; la San Silvestre en la que hice 1:03; el 10k de Sport City en el que pensé que iba a morir en pleno CU; la primera Carrera Disney en la que me divertí como loca; la Adidas salvaje en la que tuve ganas de llorar y la We Run en la que mi novio me acompañó por primera vez durante toda la ruta.
Pero bueno, llegó un momento en el que entrenaba tan bien en la semana que llegué a pecar de soberbia. Y con esto me refiero específicamente a aquella vez que estábamos en Morelia y casi corrimos la primera Carrera Cinépolis en vivo. Qué horror, habíamos dormido dos horas y aún así nos levantamos y estuvimos puntualísimos en nuestro corral de salida y con la energía al full. Todavía recuerdo la canción que estaba mientras calentábamos esperando el disparo de salida, fue muy emocionante.
Supongo que cuando se te sube la soberbia a la cabeza, la vida se encarga de ponerte en tu lugar y decirte “Guey, no mames”. Así me pasó a mí. Me creía muy “salsita” y de repente tómala, para atrás.
Ya me desahogué con ustedes, les lloré y les platiqué qué me llevó a convertirme en un ser sedentario y pesado, así que no vale la pena repetirlo (Para quienes quieran leerlo les dejo el link a mi post pasado “Los primeros pasos de un corredor”), sin embargo lo que sí vale la pena contarles es que después de llorar y llorar comencé a ir al gym y con la nutrióloga.
No fue fácil, el trabajo muchas veces me deja como costal y sólo tengo ganas de llegar y tirarme a dormir en mi cama, pero luego pienso que si quiero este año hacer mi primer maratón (y miren que sí quiero) debo controlar mi mente y repetirme mil veces lo emocionadísisisisima que estoy de ir al gym después de trabajar, aunque no sea cierto. Después de la quinta vez que lo repito me la empiezo a creer y voy. Es increíble que en lugar de salir más cansada, salgo con energía y nunca, nunca me arrepiento de ir.
Respecto a la alimentación, les puedo decir que mi relación con la comida ha mejorado. Lo primero fue buscar a un buen couch, osea una buena nutrióloga que no sólo te diga qué comer y qué no, sino que además te caiga perfecto, sepa de su tema y le apasione, que te motive y también sepa cómo jalarte las orejas sin decirte “¡Eres un ceeeeeeerdoooooo!” jajajajaja. ¡La encontré y la amo! Eso ya fue ganancia. Me explicó mil cosas que no sabía sobre los enlatados y conservadores y bueno, ella es una fanática de lo natural así que poco a poco me he unido a su club.
A tres kilos
A finales de noviembre, cuando corrí la We Run de Nike, llegué muy mal. Ya era costumbre, me echaba carreras sin entrenar y lo único que lograba era lesionarme más. Pero esta vez el dolor de cadera “habitual” fue insoportable y me dejó cojeando varias semanas. Al acudir con la terapeuta me sentenció: “no puedes correr hasta que bajes ocho kilos”. Al lunes siguiente me inscribí al gym.
Cardio y más cardio (sin correr) fue la rutina que me puso el entrenador del gimnasio. Terminaba empapada en sudor pero empecé a dormir y comer mejor y obviamente descansaba más.
Llevo cinco kilos y voy por tres más para poder entrenar para el medio maratón del día del padre. Me ilusiona muchísimo volver a correrlo con mi papá pero lo más padre es que la semana pasada, con mucho miedo, corrí la Amigos de los Viveros 5k. Terminé en 35 minutos y no me la creía. Claro que no es un tiempo ni remotamente decente pero la terminé sin problemas y con energía. El gym y los kilos menos me habían hecho efecto.
De vuelta al 10k
Después de haberle perdido el respeto y el interés a los 10k, mañana vuelvo de nuevo al ruedo. Estoy emocionada como hace mucho que no estaba por volver a recorrer esta distancia, ahora sí, entrenada. Me siento como cuando corrí ese primer Nosotras Corremos de playera azul cielo.
Me irá bien. Siento que cualquier distancia se merece su debido respeto y entrenamiento, así que de todo corazón les deseo muchísimo éxito a las runners que correrán mañana su primer 10k, o segundo o décimo, no importa. Felicidades porque para correrla se necesita disciplina para entrenar y sé que es difícil encontrar el tiempo de hacerlo en medio del estrés del trabajo, el tráfico, el novio, la familia y demás.
Así que no les voy a desear suerte, no la necesitan. Para terminar una carrera se necesita entrenamiento y ése ya lo tienen así que les deseo éxito y felices kilómetros. Nos vemos en la meta.
La Monty
Quien encontró una nueva power song que ya está descargando para darle duro mañana.
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