Lo que aprendí este tiempo viviendo sobre un pie

La Monty:

De curvasfelices.com ;)

Originalmente publicado en Curvas felices :):

5 lecciones que he aprendido en mi recuperación

Como les platiqué en la entrada ‘5 verdades sobre el amor y los kilos extra’, tuve una operación de rodilla en enero. Antes de la intervención, cuando mi médico me dijo que tendría incapacidad de dos meses, pensé en que estos se me harían eternos. Para no volverme loca decidí idear una lista enorme de los pendientes personales que no había podido hacer por mi trabajo, claro, siempre y cuando estos no involucraran apoyar el pie. Ya saben, cosas aburridas como mi contabilidad, borrar mails viejos, etc.

No obstante, después de un mes y una semana de que me operaron, les puedo decir que el tiempo se me ha ido rapidísimo y que definitivamente ha sido todo menos aburrido. Sé que con algunas de ustedes apenas nos vamos conociendo, sin embargo quisiera compartirles algunas cosas que he aprendido

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Tengo las alas rotas

Esto es lo que espero para 2014…

Siendo hija de una persona hippie como mi papá, es entendible que Santa Claus, quien representa todo menos ‘el verdadero’ espíritu navideño, nunca haya llegado a mi casa. Pero no se crean, tampoco es que tenga traumas al respecto, de hecho recuerdo que en el kínder cuando me preguntaban mis compañeritos qué me había traído, llegué con mi papá y le cuestioné por qué ‘el viejo gordo de rojo’ nunca me había traído nada. Maldito egoísta (osea Santa, no mi papá).

Él, muy seguro de sí, me respondió: ‘Mira, Santa le trae a los niños gringos y tú eres mexicana. Tú debes pedirles a los Reyes Magos. Es más, si quieres pídeles tres regalos, uno a cada uno, pero tienes que esperarte al seis de enero’. Me lo dijo con tal seguridad que con esa vez bastó para nunca más volverle a preguntar. Así que la siguiente vez que se tocó el tema de los regalos en el kínder, yo repliqué convencidísima lo mismo que me había dicho mi pá.

Reyes Magos: a ustedes sí los quiero <3

Reyes Magos: a ustedes sí los quiero <3

Yo creo que a partir de este hecho de mi niñez aprendí a tener todas mis ilusiones puestas en el nuevo año, que -cabe mencionar- cada vez me sorprendía más que el anterior: de niña con juguetes cortesía de los Reyes Magos, y de adolescente y adulta con un poco de ayuda que yo clasificaría como ‘divina’ (o karmática, o cósmica, o comolequeramosllamar) para que la vida se pusiera cada vez más sabrosa, rica, divertida, emocionante y retadora.

Y entonces un día llegué a la conclusión de que Santa nunca me trajo nada porque jamás creí en él, sin embargo siempre puse mi fe en cada Año Nuevo, el cual aunque no tuviera un trineo fancy, ni apareciera en los envases de la Coca cola, jamás me falló, siempre fue benévolamente agridulce conmigo y me trajo cada vez mejores cosas, lecciones, retos, personas y momentos.

Somos hoy lo que decidimos ayer

De lo más emocionante que puede tener la vida es precisamente la incertidumbre de no saber qué vendrá; y los humanos, siempre queriendo ir en contra del cosmos, han inventado cosas raras como los horóscopos y demás técnicas para predecir y ver el futuro. No obstante no nos damos cuenta de que el futuro, en el 99% de los casos, es la consecuencia de las decisiones que tomamos día a día, cada momento. Por ejemplo, no hay que ser adivino ni tener conocimientos de astrología para saber que si manejas borracho te puedes matar o puedes matar a alguien, ¿cierto?

Ahora, de la misma forma es bastante lógico predecir que cuando te pones en último lugar, después de todo y de todos, tarde o temprano el cuerpo y la mente colapsan…y eso, por más que duela aceptarlo, también es una decisión que se toma. Uno decide estar bien o decide estar mal. Somos los campesinos de la propia buena o mala suerte (que no es suerte, sino consecuencia, pero en fin).

Yo no olvido al año viejo porque me ha deja’o cosas muy buenas

2013 fue un año en el que toqué el cielo. Literalmente. Cierro los ojos y se me viene a la mente una película con fotografías de lo ocurrido este año. De pronto los abro y me pregunto si lo soñé o realmente pasó. Me cuesta aún trabajo creer que ocurrió; tantos lugares, personas, vistas, sabores…tanto mundo. Ni en mis más locos sueños me hubiera imaginado experimentar lo que experimenté en este 2013. Fui muy feliz.

En 2013 toqué el cielo...literalmente

En 2013 toqué el cielo…literalmente

Pero todo tiene un precio, y en mi caso tratar de comerme al mundo me empachó. No paré ni a tomar aire, seguí y seguí y entonces mi cuerpo colapsó porque lo dejé en el olvido. Decidí no cuidarme, comí compulsivamente hasta que fueron 15 kilos más. De pronto me preguntaba quién era la de las fotos porque ni yo misma me reconocía. Aún así no fui consciente y seguí en el camino del sedentarismo, del no tengo tiempo, del no tengo ganas, del tengo mucho sueño. Nunca paré, nunca me volteé a ver, nunca me pregunté a mí misma cómo me sentía…hasta que fue tarde.

Colapsé. O más bien mis meniscos colapsaron y ahora los tiene que reparar un médico a través de una cirugía. Los dos están malitos, uno de cada pierna. Empezarán con el derecho porque es el que más duele. Les digo, el cuerpo tiene sus formas de hacerse oír y de pronto la vida te dice ‘Para o te paro’, y vaya que me frenó en seco.

Sólo es un ala rota

Al principio lloré mucho cuando me dijeron que tardaría mínimo dos años en regresar siquiera a trotar, más porque saben cuánto lo amo y las satisfacciones que el atletismo me ha dado; pero luego leí que ‘los obstáculos en la vida son inevitables y nos sirven para saber de qué madera estamos hechos‘, y mi alma sonrió. Al menos tiene remedio y si 2013 fue el año de comerme al mundo, 2014 será el año de viajar hacia mi interior, de escucharme, de hacer lo que me hace feliz, de estar en paz conmigo y mi cuerpo, de ponerme en primer lugar de cuidar lo que como.

No será fácil pero regresaré a correr y haré de una vez por todas mi maratón soñado.

Pies pa' qué los quiero...

Por lo mientras, la inscripción de 2014 que ya compré para el Maratón Internacional de la Ciudad de México, la donaré y no me imagino mejor persona para correrlo en mi nombre que Omar, que es uno de los mejores corredores que he conocido en mi vida (10k en 39 minutos; b*tch pleaseeee!!). Así que aunque ya no tengamos la relación que teníamos, me ha apoyado incondicionalmente como el caballero y gran ser humano que es. Por lo mientras, queridos amigos, cuenten con mis porras (aunque sea virtuales) en todas sus metas deportivas ;)

Ya no estoy triste ni tengo miedo. Sólo tengo un ala rota, pero mi espíritu sigue intacto, enfocado y determinado a estar bien. Voy a estar bien. Quiero estar bien. Así que bueno esta vez sí voy a parar, pero sólo será para tomar más vuelo.

Como el ave fénix

Como el ave fénix

Queridos Reyes Magos:

Entonces, regresando al principio, mi carta para los Reyes Magos y el Año Nuevo incluye estas tres peticiones: una rodilla buena para poder correr; una dosis alta de paciencia y determinación para mi rehabilitación; y una buena dotación de fe para superar lo que sea que venga en 2014.

Me lo merezco porque (como siempre) no le pedí nada a Santa, y (como siempre también), nada me trajo.

Amigos, les deseo un excelente 2014 lleno de bendiciones y de felicidad para ustedes y sus seres queridos.

Pórtense mal, cuídense bien y luego me cuentan.

La Monty,

Sé siempre viento

“Quiero ser ese aire puro que levanta cometas, que huele a canela de ofrendas y humedece pieles que no se olvidan de sonreír. Quiero estar cerca de esos dioses y diosas para vivir eternamente en ese lugar bendecido. No creo en religiones, ni en personas que dividen…creo en la magia, en la ilusión, en la belleza. En esta tierra hermosa, lugar perdido que ofrece y ofrenda. Creo en que todo aquel que va a buscar, encuentra.

¡Luchadora! Abandona las batallas, suelta las armas. Vive como quieras, levanta las manos y quítate las cadenas invisibles que el miedo nos construye a base de lamentos.

Comprueba la fortaleza. Siente la energía que, como de la misma tierra, brota dentro de ti.

Sé el viento que sopla en contra o a favor. Viento de huracán que destruye, ráfagas que despejan, o brisa que alivia…pero siempre sé viento.

Viento libre, hermoso…e imposible de atrapar”

Sandra Barneda, Reír al viento.

La historia de Myriam

Atrévete a enfrentar tus miedos y conviértete en el arquitecto de tu propia vida

A finales de julio de 1994 Myriam se encontraba en la puerta de la terminal del aeropuerto de Cancún. En su espalda colgaba su mochila; en su mano izquierda, su pasaporte; en la derecha, una moneda. Era un franco -recordemos que en ese momento todavía no se implementaba el euro- que había viajado con ella desde un poblado hermoso y tranquilo de pescadores cerca de Burdeos, Francia, del cual ella era originaria. Mientras veía entrar y salir a las personas, Myriam permanecía frente a la puerta, apretando la moneda al interior de su puño con todas sus fuerzas. No era para menos. Nunca había estado tan segura de algo como lo estaba ahora: esa moneda habría de definir su destino.

‘No era feliz con mi vida’

Cuando recién cumplió 18 años, Myriam se dio cuenta de que no era feliz. Entonces, empacó sus cosas y voló de Francia a La Antigua, en Guatemala. De allí fue recorriendo de aventón en aventón (sí, de los aventones de carretera) los poblados remotos del país, y después de tres semanas llegó a Tikal. Allí fue cuando decidió que ya había sido suficiente de vagar por las montañas, por lo que ahora iría a la playa.

‘Buscando siempre los lugares menos turísticos encontré Tulum y pensé que era un buen lugar para conocer’, platica mientras los ojos se le llenan de recuerdos. ‘Renté una cabaña de pescadores que me costó 20 pesos la noche, todavía me acuerdo, y allí me quedé a dormir’, sonríe. Cuando amaneció y abrió la puerta de la cabaña, vio un cielo rosa, turquesa, rojo y azul, todo al mismo tiempo; con la majestuosidad que caracterizan a los cielos de los amaneceres en la Riviera Maya. A lo lejos, el mar en absoluta calma que embonaba con una playa semivirgen y vacía, como si fuera para ella sola.

Después de ver ese paisaje casi sagrado, ella nunca volvió a ser la misma.

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La moneda en el aire

Myriam hablaba español lo suficiente como para darse a entender, pero no estaba ni remotamente cerca de hablarlo fluido ni con las correctas conjunciones gramaticales, sin embargo las cosas del corazón no entienden de idiomas, y ella se había enamorado de las playas de Tulum. Supongo que es como cuando conoces a un chico, y sin saber cómo, cuándo, ni por qué, sabes que es el hombre de tu vida.

Después de varios ‘días en el paraíso’ (esa fue su descripción exacta), tuvo que regresar a Cancún para de allí tomar un avión a Frankfurt y de allí uno más a París, y finalmente Burdeos.  Y allí estaba parada frente a la puerta del aeropuerto sin poder entrar. Habían pasado sólo cinco días desde que ella había pisado por primera vez Tulum y ahora no quería separarse de él.

Entre su cuerpo inmóvil y sus pensamientos volando a mil por hora, se metió la mano en el bolsillo y encontró una moneda. Era la moneda francesa de la que les platiqué en un principio. La vio fijamente, la apretó con el puño, y después de tomar aire, la lanzó. Si salía cara se quedaría en Tulum, si caía cruz se regresaba a Francia. Primera tirada…cara. ‘Ok’, pensó mientras se le iba acelerando la respiración y el pulso. Segunda…cara otra vez. Ella estaba consciente de que en una tirada más se definiría su destino. Así como los apostadores que ponen en la mesa de juego su casa o su patrimonio, sólo que lo que ella se estaba jugando era ni más ni menos que el rumbo de su vida.

Cara, por tercera vez. Agarró el teléfono y marcó: ‘Papá, mamá, no me esperen; me quedo a vivir en México’, dijo mientras sus papás se quedaron mudos. ‘Pensaron que estaba jugando, pero como no me reí cuando se los dije, me empezaron a regañar y a decirme que estaba totalmente loca’, me platica mientras suelta una carcajada.

19 años después Myriam maneja rumbo a su casa en Tulum, México después de un día de trabajo en Xcaret, uno de los ecoparques más hermosos no sólo del país sino del mundo, como parte de la directiva de relaciones públicas del parque. Ella cuenta que su trabajo la hace muy feliz, pero que lo que más disfruta es llegar a su hogar, en medio de la selva, sin energía eléctrica (su casa la equipó con paneles solares), sin calentador de agua (en su lugar tiene una cisterna que calienta el agua con el sol), sin ruidos más que los de la naturaleza y durmiendo con una ventana con vista hacia el mar del que se enamoró a los 18 años, y el cielo lleno de estrellas.

tulum

La vida vista desde un cenote

Ayer me acordé de Myriam y su historia. Estaba en la orilla del cenote Lik’ (viento), a seis metros de altura, y con la intención de saltar para echarme un clavado. Pero no podía. No sufro de vértigo pero la altura hizo que me temblaran las piernas. Nunca había saltado de un cenote. Lo más cercano fue cuando de niña mi mamá me inscribió a clases de natación y uno de los exámenes  -recuerdo- consistió en saltar de 10 metros de altura (ya sé, malditos maestros sádicos). Claro que en ese entonces yo no temía por mi vida, pero ahora sí, por lo que la sola idea de saltar al vacío en una experiencia completamente nueva para mí, me aterraba.

Recientemente entrevisté a una psicoterapeuta maravillosa que se llama Paty Villa, quien me platicó que los seres humanos tenemos cinco emociones primarias: miedo, afecto, tristeza, enojo, y alegría. No obstante, la mayoría de las personas tiende a dejarse manejar por dos de ellas, por lo que si el miedo ocupa uno de tus primeros lugares, te conviertes en su víctima porque te paraliza.

Así  estaba yo: completamente paralizada, pero luego pensé en que si no saltaba, me iba a arrepentir toda mi vida, por lo que después de postergar mi salto por 5 minutos, cerré los ojos y lo hice. Fue increíblemente liberador enfrentarme a mi propio miedo. Posteriormente reflexioné en que la vida es como saltar a un cenote desde 6 metros de altura: al principio es aterrador, pero el chiste hacerlo casi sin pensar;  atreverse y que nadie te cuente cómo es vivir o saltar Como en el caso de Myriam, quien se atrevió a apostarse a su favor con una moneda…y ganó.

Pórtense mal, cuídense bien y luego me cuentan.

La Monty,

quien les escribe desde un paraíso mexicano llamado Playa del Carmen :)

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Las editoras de mi vida, 2a parte

Los consejos de oro de las editoras mexicanas

Como les comentaba en mi post anterior (para quienes no lo leyeron, deben hacerlo aquí “Las editoras de mi vida, parte 1“), después de platicar con la sobrina de mi amigo, empecé a buscar mails y teléfonos en mi directorio. Exactamente, me di a la tarea de buscar a las editoras con las que tenido la fortuna de colaborar y de quienes he aprendido (y sigo aprendiendo) enormemente para preguntarles sus más valiosos consejos para ingresar y sobrevivir por mucho tiempo al mundo editorial mexicano, sin perder la integridad, el compromiso social y los valores que conforman a una buena editora.

Todas mis entrevistadas son mujeres inteligentes, audaces, valientes, apasionadas, creativas y muy pero muy chambeadoras que han liderado grandes proyectos editoriales, mismos que, desde su trinchera, han marcado el rumbo de las publicaciones mexicanas, y que además se han dado el tiempo de ser mamás, novias, esposas, amigas, hermanas,etc . Estas mujeres en algún momento confiaron en mí y han sido grandes maestras en mi camino profesional. A todas ellas: mil gracias

Los consejos de oro de su puño y letra

Gaby Ortiz. ¿Dónde la conocí? Directora Editorial de 15a20

¿Cómo entrar a trabajar a una editorial y matenerte?

Gaby Ortiz dijo:

Yo siempre he dicho que si no compras revistas, ni se te ocurra pedir trabajo en una editorial. Igual y parece un poco tonto o hasta obvio hacer esta aclaración, pero les sorprendería la cantidad de gente que me ha tocado entrevistar que, no es lector frecuente, mucho menos comprador de revistas. Así que, el primer paso es saber que no sólo te gustaría, ¡amarías! trabajar en una revista. A mí me pasó así y a la mayoría de las personas que conozco en el medio con una gran trayectoria, les puedo decir que aman las revistas, así que ése es el primer paso.

Ya que sabes que realmente trabajar en una editorial sería un sueño hecho realidad, lo siguiente es buscar en qué tipo de revista te gustaría escribir y, afortunadamente hay una gran oferta de nichos, ya que hay gusto para todos, desde viajes, manualidades, científicas, videojuegos, política, uñas, cocina, coches, tu tarea es buscar el nicho al que te quieres dedicar y encontrar las revistas que se dediquen a esto, busca el masthead o directorio, seguro hay información de correos electrónicos o teléfonos y prepárate.

Llamar la atención de un editor no es cosa fácil, pero si tienes ganas, iniciativa y fuerza de voluntad, lograrás que te hagan caso y por lo menos te den una cita. Me acuerdo de un colaborador que me mandó su currículum que decía, “escritor superestrella solicita trabajo”, me dio mucha risa y curiosidad la forma en la que se vendió que no me quedó de otra más que revisar su CV y llamarlo para una cita. Igual y no fue el escritor superestrella que prometía ser, pero su forma de darse a notar le funcionó. Otro claro ejemplo es Montse, quien cual groupie de 15 a 20, se fue acercando poco a poco, primero en nuestros eventos de Mundo 15 a 20, platicando con la gente de la revista, de repente pasaba a saludar a la oficina y de plano un día me pidió una cita y me dijo claramente que ella quería escribir en la revista, ¿cómo decirle que no? No sólo colaboró en nuestra revista, tiempo después logró que la contratáramos como redactora para la página web. Así que la clave para entrar a trabajar a una revista es tenacidad.

Se trata de ser tenaz y buscar oportunidades

Se trata de ser tenaz y buscar oportunidades

Y por último, ¿cómo mantenerte? Pues tengo que decir que no hay una receta, para mí que llevo 16 años en el mundo editorial tengo que decir que la pasión por hacer lo que te gusta, pero también por saber lo que viene después, siempre estar buscando formas de innovar. Cuando yo entré a trabajar a editorial la única que tenía computadora era la secretaria, ahora puedes encontrar cualquier cosa en internet de forma gratuita, así que las revistas tienen que ponerse las pilas para competir por la atención del lector. Mi sugerencia es que no importa el carrier: papel, web, podcast, etc, lo importante es el contenido, si es interesante y tu punto de vista único, la gente lo que menos le importa es el medio, siempre regresará a buscarte.

Mónica Martínez.¿Dónde la conocí? Directora Editorial Marie Claire

¿Cómo entrar a trabajar a una editorial y matenerte?

Mónica dijo:

  • Antes de ir a una entrevista o enviar propuestas de colaboración es indispensable hacerte de una idea clara del medio en el que aspiras a trabajar (el tipo de temas que trata, el tono editorial, a qué tipo de personas le habla, etc), así como de sus posibles competidores. Define qué virtudes le encuentras, qué defectos, qué propuestas de temas harías. No basta con presentarte como un entusiasta lector-seguidor de una publicación. Debes demostrar que lo conoces en términos más profesionales.
  • Tu currículum debe estar impecablemente escrito. Tengas alguna recomendación o no, es la primera muestra de tus habilidades de redacción que verá el entrevistador. Faltas de ortografía (por mínimas que sean), dedazos o ideas expresadas con poca claridad pueden descartarte fácilmente como candidato. Escribir correctamente se hace a tiempo completo, no es una cuestión sujeta a horarios de oficina.
  • Dar como referencia un blog o una cuenta de Twitter sí pueden servirle a un entrevistador como una muestra más clara de tus ideas, intereses, tus habilidades de redacción…No importa si los temas no son del perfil de la publicación que te interesa. Pero antes de incluir tu cuenta de cualquier red social en tu currículum, evalúa qué es lo que has estado publicando últimamente y cómo. De nuevo: escribir correctamente se hace a tiempo completo, no es una cuestión sujeta a horarios de oficina.
  • Independientemente de tus intereses personales, hacer de la lectura y la revisión de otros medios impresos, tanto nacionales e internacionales, un hábito. Sea en sus versiones impresas o digitales. Una persona interesada en trabajar en medios editoriales debe estar al tanto de otros medios, consumirlos.  
Mujer informada vale por dos

Mujer informada vale por dos

  • El mundo editorial es muy pequeño. Procura que siempre hablen por ti la calidad de tu trabajo y tu compromiso con el proyecto en el que estás. Nunca sabes cuándo te tocará estar ante alguien que, sin que tú lo imagines, ya cuenta con referencias tuyas.

Lucy Hernández. ¿Dónde la conocí? Directora Editorial Por ti

¿Cómo entrar a trabajar a una editorial y matenerte?

Lucy dijo:

  • En primer lugar DEBES amar lo que haces. Las largas noches de cierre, los días sin comer y las interminables sesiones fotográficas solo se pueden soportar repetidamente si amas tu trabajo.
I love my job, I love my job, I love my job....

I love my job, I love my job, I love my job….

  • Otra cosa muy importante es saber dejar ir. Al final del día, hay que aprender a renunciar y a aceptar que no todas las cosas se verán como te las imaginaste porque en primera, no trabajas con lectores de mente y en segunda, cada miembro del equipo aporta su visión y eso enriquece las ideas.
  • Por último lo más fundamental: pensar en tu lector. El que escribe, diseña o planea pensando en sí mismo, se equivoca. 

Gaby Casavantes. ¿Dónde la conocí? Coordinadora Editorial de Lifestyle en Esmas: Mujer, Salud, Tecnología, Cocina, Teens

¿Cómo entrar a trabajar a una editorial y matenerte?

Gaby dijo:

A millones de personas les encanta escribir, mas no es lo mismo hacerlo en un diario personal que seguir un aprendizaje y una metodología, es decir, ejercitarse la disciplina en la universidad, aprender redacción, expresión escrita, literatura latinoamericana y mucho más. El escribir ya se trae por dentro, somos personas para quienes el lenguaje es una obsesión hasta al escuchar hablar a los demás y es nuestra herramienta de trabajo de todos los días. Pero el talento para escribir sólo ocupa el 50% del camino al éxito; la otra mitad depende de la dedicación y tenacidad de ejercitar, con creatividad, todos los días la escritura.

Escribir es inspirador, vivificante, útil, provechoso, positivo, exquisito. Las personas que traemos la escritura en los huesos y en la sangre nos fijamos desde en cómo escriben los periodistas y los escritores de literatura hasta en cómo están redactados los menús en los restaurantes y los anuncios en la calle, y se nos revuelve el estómago cada vez que leemos una falta de ortografía, de redacción, de sintaxis, de coherencia en una frase, un mal título, un mal resumen.

Hoy una persona que quiera dedicarse a escribir es indispensable que tenga su propio blog, en donde plasme sus vivencias, sueños, pensamientos, análisis, todo esto para comprobar su talento, compartirlo e incluso conocerse a sí misma. Tecnología, cine, música, restaurantes, viajes, moda…, ¡se puede escribir de tantas cosas! En su blog personal se dará cuenta de cuánto interesan sus ideas y palabras a los lectores.

Empieza tu blog YA

Empieza tu blog YA


Escribir se hace por amor al arte
, porque la industria editorial es difícil, sumamente competitiva y no muy bien pagada. En esto es fácil desanimarse, porque es difícil entrar en el medio editorial. Pero se puede hacer, siempre hay espacio para moverse. Mis consejos son: escribe, escribe, escribe todo, muestra tus dotes, haz contactos, comparte tus textos, propón temas, desarróllalos, envíalos aunque no te los soliciten, no te rindas. Ya nadie encuentra trabajo de la manera tradicional buscando en bolsas de trabajo los puestos que se abren todos los días.

Publica en tus plataformas social media, publica tu blog, comparte tus textos en linked in. Descubre quién eres y en qué eres hábil, si es en la nota dura -llámese política, finanzas, estados, nota roja-, periodismo cultural, temas de entretenimiento y farándula, o estilo de vida -fitness y wellness-; contacta a los jefes de redacción de los medios y simplemente diles: “Quiero trabajar aquí”, pero prepara bien el por qué.

Lee mucho: libros, revistas, sitios web, blogs, análisis, reseñas, columnas periodísticas, crónicas, encuentra los múltiples estilos de escritura que existen y aprende cómo desarrollar el tuyo propio, necesita ser diferente, original, creativo, para llamar la atención de un amplio grupo de lectores y futuros seguidores.

Escribir por amor

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Como pudieron darse cuenta, a pesar de las diferentes personalidades de cada editora, todas tienen algo en común: auténtica pasión por lo que hacen. Así que lo único que me resta decirles es que si una sola niña que sueña con escribir, lee esto, me doy por bien servida. Y si ha llegado hasta esta parte del texto sólo quisiera agregar algo último: vivan su vida con pasión. La pasión por lo que hagan, se dediquen a lo que se dediquen, será lo que las mantendrá vivas y sin renunciar a pesar de los momentos difíciles. Así se sencillo: la vida sin pasión, no es vida.

Pórtense mal, cuídense bien.

La Monty,

quien les comparte esta canción que me anima siempre que he tenido un mal día: “Lo hice por amor”, del musical A chorus line.

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Las editoras de mi vida, 1a parte

Para Aria y todas las niñas que creen en sus sueños y los siguen

Cuando yo era una niña de quinto de primaria la verdad es que no tenía muchos amigos. De hecho (sí, es muy triste) creo que no tenía ninguno. La hora del recreo me parecía tortuosa: siempre quería que se terminara rápido porque no tenía con quién comer mi lunch. Tal vez de ahí aprendí a comer rápido. Me sentía muy solita, sin embargo más que angustiarme por no tener con quién comer, lo que realmente me asustaba era que no hubiera alguien en la escuela con quién compartiera mi forma de ver las cosas… ¿de verdad era un bicho raro?

Mi amigo el unicornio y yo

Mi amigo el unicornio y yo

Allí, a punto de entrar a la pubertad, encontré en los libros, pero sobre todo en las revistas, una compañía que suplía a las amigas que no tuve en esa época. En sus páginas me hablaban de amor, de autoestima, de maquillaje, de sexo y otros temas que me hacían sentir en confianza.

Mi mamá tampoco ayudaba mucho a mi inserción social: me decía que no importaba si me depilaba o no, que mejor me dejara el bigote así. Al no encontrar apoyo en tu primera referencia femenina, obviamente yo me moría de la pena yendo a la escuela con tremendo mostacho.  Lo mismo pasaba con el maquillaje y otros temas como los chicos, un tópico completamente nuevo para mí que, por supuesto, no me hubiera atrevido nunca a consultarle a mi madre que estaba tan chapada a la antigua.

Era yo, mi alma, y mis revistas. Con el tiempo aprendí de ellas cómo combinar mi ropa, qué se siente el primer beso, qué debes y no hacer para gustarle a un chico y sobretodo aprendí que yo podía ser la niña (o más bien la adolescente) que yo quisiera ser sin necesitar el reconocimiento de nadie, sólo con puro amor propio.

No soy güera

No soy güera, pero no encontré otra foto mejor

Terminando la secundaria me metí durísimo a hacer spinning, y más allá de que bajé mucho de peso (y obvio me sentía guapísima), siento que algo dentro de mí cambió. Me volví segura, sociable y extrovertida. Sentía que con el bullying pasado ya había pagado mis karmas de las otras vidas y que de alguna manera había tocado tanto fondo que no quedaba más que ir para arriba. Así fue: entré a la prepa y mi vida dio un giro de 180 grados. Pasé de ser la looser a ser la popular: era amiga de todos, me juntaba con las chicas populares, salía con el niño más guapo del salón, me invitaban a todas las fiestas y era el ajonjolí de todos los moles. Todos querían ser mis amigos.

Obviamente con el tiempo descubrí que esas eran cosas superficiales y que nada importaba más que tener amigos verdaderos, sentirte feliz con quien ves al espejo, tener un cuerpo saludable y estar con la persona de la que estás enamorada, sin importar si es el más guapo o no; pero ésa ya es harina de otro costal.

Yo sé que este giro tan radical se debió principalmente a un cambio de actitud mío, pero éste posiblemente nunca se hubiera dado si alguien con su pluma (o teclado) del otro lado de la revista no se hubiera tomado el tiempo y la molestia de decirme que, en efecto, yo era valiosa. Todas lo somos, sí, pero en una edad tan vulnerable como la pubertad y adolescencia necesitas que alguien te lo esté recordando todo el tiempo. Obviamente mi camino estaba ya definido: me dedicaría a escribir para siempre.

¿Por qué escribo?

¿Por qué escribo?

I’m a believer (no de las de Justin Bieber)

Después de contarles mi historia, ¿cómo no podría creer en la importancia y el compromiso social de una revista? Soy una convencida de que a través de las páginas, la tinta, las fotografías y las letras se pueden transformar miles de vidas, se pueden dar consejos sinceros e incluso crear lazos de cariño honesto y verdadero con los lectores. Es un poder realmente importante, por lo que no puedes tomarlo a la ligera, ya que no sabes el alcance y la repercusión que tendrán tus palabras en los demás.

A los 18 años comencé a publicar en la revista que me acompañó y fue mi amiga en mis años difíciles de adolescencia: 15 a 20. Más allá de “creerme mucho”, no podría explicarles lo que sentí cuando vi mi primer artículo publicado. Emoción, responsabilidad, felicidad, nostalgia…todo un rush de adrenalina. Para mí era un honor que la Editora de la revista hubiera depositado su confianza en mí, una mocosa de 18 años, para que plasmara mis ideas en su revista…ah, ¡y que además me pagara por hacerlo! ¿no era yo la chica más afortunada del mundo? Cuando llegó el día en que salió publicado ese primer texto, corrí como nunca al Samborns a comprar la revista. Tuve que leer mil veces el artículo para percatarme de que en efecto estaba pasando. Después de leerlo, lloré de la felicidad.

"Tú vs la mejor amiga de tu novio" 2005

“Tú vs la mejor amiga de tu novio” 2005

Mi curiosidad por siempre saber qué sigue me llevó a seguir avanzando en el mundo ediorial por caminos insospechados, algunos inhóspitos y otros cálidos y familiares. Claro que conforme pasó el tiempo, comencé a ver el lado no tan agradable de las redacciones y aprendiendo a saber qué hacer, qué no, cómo escribir, en quién confiar, cómo pedir las cosas, y un sinfín de lecciones que aún hoy, casi 10 años después, sigo aprendiendo a base de prueba y error.

15a20, Ventitantos, Por ti, Marie Claire, Sport Life, Runners y Esmas son algunos de los medios en los que he tenido el privilegio de escribir. Lo digo con muchísima humildad, de verdad. Todas las redacciones han sido completamente diferentes entre sí en cuanto a líneas editoriales, ambientes de trabajo, forma de pagos, etc. Y bueno, no me parece que yo sea una experta en revistas ni mucho menos, pero desde hace tiempo vengo pensando que a los 18 años, cuando me inicié en esto, me hubiera gustado que alguien me dijera algunas recomendaciones que finalmente tuve que aprender a posteriori, es decir: (y perdón el francés) a madrazos.

Claro que nadie experimenta en cabeza ajena, pero de verdad hubiera agradecido que alguien que ya estaba en el medio me orientara y echara la mano un poquito; sin embargo como no tengo una máquina en el tiempo para reencontrarme conmigo misma hace 10 años y decirme de qué lado masca la iguana, creí que lo mejor era sembrar buen darma con la siguiente generación de escritoras. Con esto me refiero específicamente a niñas que, como yo a su edad, sueñan con algún día escribir en una revista y convertirse en editoras.

img-thingA pesar de que realmente tenía ganas de hacer algo al respecto, con mi trabajo -que es un tanto absorbente- y demás pendientes, no había tenido tiempo de hacerlo. No obstante, ocurrió un suceso que fue determinante para que yo me pusiera las pilas…

Resulta que fui a comer con un amigo y su sobrina de 16 años. La idea de la plática era que yo le contara qué se siente ser una editora. Me dio mucha risa que me lo preguntara mientras yo sentía que estaba en un estado lamentable: ojeras de cansancio infinito, dolor de cabeza, y mucho estrés. Todo menos el ejemplo a seguir que tal vez ella estaba buscando. En fin. La cosa es que esta chica me dijo que estaba muy interesada en el tema de la comunicación pero que se sentía indecisa entre la locución y la redacción, y que para aclarar sus dudas quizo reunirse conmigo y platicar sobre el mundo editorial.

¿Acaso era la señal que estaba esperando para seguir con la idea que tenía en mente?

¡Claro que lo era! A medida que le fui platicando, algo en mí se encendió. Fue entonces que regresé a mi casa y comencé a buscar viejos mails y números de teléfono. Era el momento de echarme un clavado al pasado y llamarles a algunas viejas conocidas

Este...¿sí, hola?, ¿Gaby Ortiz?

Este…¿sí, hola?, ¿Gaby Ortiz?

No se pierdan la segunda parte de este post con los consejos de oro de mujeres que, desde su trinchera, han marcado el rumbo editorial en México.

Pórtense mal, cuídense bien…y luego me cuentan.

La Monty,

quien de verdad desea que esto le sea útil a alguien.

Nosotras Corremos; mi regreso a los 10k

Regreso entrenada y emocionada como hace mucho no lo estaba

Ya sé, ya sé. Lo primero que muchos harán al leer esto, quizá antes de decirme siquiera “hola”, será preguntarme dónde diablos me he metido.

No estoy muy segura. En todas partes, supongo. Viajé mucho, lo cual me hace tener la mente en paz y el corazón contento;  trabajé como loca, lo que ha ocasionado que los fines de semana me quede tirada en cama hasta tarde; leí algunos libros, lo cual por fin me hizo alejarme un poco (por mi bien) de los medios, tanto electrónicos como impresos. Tengo tanto que contarles…pero quizá lo que más me emociona es que por primera vez en mucho tiempo estoy emocionada porque voy a correr una carrera.

Aquella primera vez

-“Papáaaaaaaa, ¿me viste llegar a la meta?, ¡¡¡fue increíbleeeee!!!”, le dije mientras lo abrazaba y lloraba de la emoción al terminar mi primer carrera de 10 k. Me sentía invencible. Lo era. Así inauguré mi medallero y colección de playeras para correr: con el padrísimo dije que nos dieron en 2009 diseñado por Daniel Espinosa y con aquella playera azul cielo que hasta la fecha sigue siendo mi favorita.

La adrenalina que se respira en las carreras y el ambiente que hay nunca se podrá comparar con ningún entrenamiento, ni siquiera en equipo. Hay magia pura en el aire y punto, no puedo describirlo con palabras, pero las personas que lo han sentido saben a qué me refiero. Ese conteo regresivo del 10 al 0 y escuchar el disparo de salida mientras tu corazón late rápido y la piel se te pone de gallina es un momento que te guardas para siempre sin importar cuántas carreras has corrido.

Dicen que todas tus primeras veces son especiales, pero por lo menos a mí me emociona más recordar mi primera vez en un 10 k que mi primer beso, por ejemplo.

Dice 2hrs porque la foto la tomé hasta mucho después eeeeeeh?!

Dice 2hrs porque la foto la tomé hasta mucho después eeeeeeh?!

Los 10k de mi vida

Vinieron muchos más 10 k, muchos. Mi medallero se fue llenando y aunque todas las carreras las recuerdo con mucho cariño, quizás las que más me han significado son: obviamente mis dos medios maratones; el Pumatón que corrí con mis amigos runners más queridos; la San Silvestre en la que hice 1:03; el 10k de Sport City en el que pensé que iba a morir en pleno CU; la primera Carrera Disney en la que me divertí como loca; la Adidas salvaje en la que tuve ganas de llorar y la We Run en la que mi novio me acompañó por primera vez durante toda la ruta.

Muchos, muchos 10k

Muchos, muchos 10k

Pero bueno, llegó un momento en el que entrenaba tan bien en la semana que llegué a pecar de soberbia. Y con esto me refiero específicamente a aquella vez que estábamos en Morelia y casi corrimos la primera Carrera Cinépolis en vivo. Qué horror, habíamos dormido dos horas y aún así nos levantamos y estuvimos puntualísimos en nuestro corral de salida y con la energía al full. Todavía recuerdo la canción que estaba mientras calentábamos esperando el disparo de salida, fue muy emocionante.

Los amo <3

Los amo <3

Supongo que cuando se te sube la soberbia a la cabeza, la vida se encarga de ponerte en tu lugar y decirte “Guey, no mames”. Así me pasó a mí. Me creía muy “salsita” y de repente tómala, para atrás.

Ya me desahogué con ustedes, les lloré y les platiqué qué me llevó a convertirme en un ser sedentario y pesado, así que no vale la pena repetirlo (Para quienes quieran leerlo les dejo el link a mi post pasado “Los primeros pasos de un corredor”), sin embargo lo que sí vale la pena contarles es que después de llorar y llorar comencé a ir al gym y con la nutrióloga.

No fue fácil, el trabajo muchas veces me deja como costal y sólo tengo ganas de llegar y tirarme a dormir en mi cama, pero luego pienso que si quiero este año hacer mi primer maratón (y miren que sí quiero) debo controlar mi mente y repetirme mil veces lo emocionadísisisisima que estoy de ir al gym después de trabajar, aunque no sea cierto. Después de la quinta vez que lo repito me la empiezo a creer y voy. Es increíble que en lugar de salir más cansada, salgo con energía y nunca, nunca me arrepiento de ir.

Respecto a la alimentación, les puedo decir que mi relación con la comida ha mejorado. Lo primero fue buscar a un buen couch, osea una buena nutrióloga que no sólo te diga qué comer y qué no, sino que además te caiga perfecto, sepa de su tema y le apasione, que te motive y también sepa cómo jalarte las orejas sin decirte “¡Eres un ceeeeeeerdoooooo!” jajajajaja. ¡La encontré y la amo! Eso ya fue ganancia. Me explicó mil cosas que no sabía sobre los enlatados y conservadores y bueno, ella es una fanática de lo natural así que poco a poco me he unido a su club.

A tres kilos

A finales de noviembre, cuando corrí la We Run de Nike, llegué muy mal. Ya era costumbre, me echaba carreras sin entrenar y lo único que lograba era lesionarme más. Pero esta vez el dolor de cadera “habitual” fue insoportable y me dejó cojeando varias semanas. Al acudir con  la terapeuta me sentenció: “no puedes correr hasta que bajes ocho kilos”. Al lunes siguiente me inscribí al gym.

Cardio y más cardio (sin correr) fue la rutina que me puso el entrenador del gimnasio. Terminaba empapada en sudor pero empecé a dormir y comer mejor y obviamente descansaba más.

Llevo cinco kilos y voy por tres más para poder entrenar para el medio maratón del día del padre. Me ilusiona muchísimo volver a correrlo con mi papá pero lo más padre es que la semana pasada, con mucho miedo, corrí la Amigos de los Viveros 5k. Terminé en 35 minutos y no me la creía. Claro que no es un tiempo ni remotamente decente pero la terminé sin problemas y con energía. El gym y los kilos menos me habían hecho efecto.

Amigos de los Viveros 2013

Amigos de los Viveros 2013

De vuelta al 10k

Después de haberle perdido el respeto y el interés a los 10k, mañana vuelvo de nuevo al ruedo. Estoy emocionada como hace mucho que no estaba por volver a recorrer esta distancia, ahora sí, entrenada. Me siento como cuando corrí ese primer Nosotras Corremos de playera azul cielo.

Me irá bien. Siento que cualquier distancia se merece su debido respeto y entrenamiento, así que de todo corazón les deseo muchísimo éxito a las runners que correrán mañana su primer 10k, o segundo o décimo, no importa. Felicidades porque para correrla se necesita disciplina para entrenar y sé que es difícil encontrar el tiempo de hacerlo en medio del estrés del trabajo, el tráfico, el novio, la familia y demás.

Así que no les voy a desear suerte, no la necesitan. Para terminar una carrera se necesita entrenamiento y ése ya lo tienen así que les deseo éxito y felices kilómetros. Nos vemos en la meta.

Nos vemos en la meta ;)

Nos vemos en la meta ;)

La Monty

Quien encontró una nueva power song que ya está descargando para darle duro mañana.

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